Equilibrio vital
Fotografía: Leonardo Finotti
Diseñada por la firma brasileña Mareines Arquitectura, Casa Passiva surge como una manifestación de vida sencilla y consciente, nacida en plena pandemia. Ubicada en el interior paulista, la residencia se integra a un terreno que atravesó un proceso de recomposición forestal junto a Vistara Paisajismo. Más que sostenible, la casa encarna su propia sostenibilidad: emerge de la tierra, respira con ella y se deja guiar por sus ritmos naturales.
Organizada en torno a un jardín triangular —una reinterpretación contemporánea del claustro—, la vivienda propone un refugio de calma y meditación. Sus dos volúmenes principales dialogan con el paisaje y la luz. En el nivel inferior, las áreas sociales fluyen sin muros, definidas por el mobiliario, el agua y las sombras; en el superior, la suite principal se eleva como un mirador íntimo sobre el jardín.
La cubierta de ladrillo curvado actúa a la vez como símbolo y sistema vital, recolectando el agua de lluvia y colaborando con el enfriamiento pasivo de los espacios. Casa Passiva no intenta imponerse al entorno, sino pertenecerle.









