Habitar la selva
Fotografía: Miti Sameshima
Ubicada en plena Mata Atlântica, Casa Iporanga transforma una vivienda modernista existente en un refugio contemporáneo profundamente ligado al paisaje y al estilo de vida de sus habitantes. El proyecto respeta la arquitectura original mediante intervenciones puntuales que refinan líneas, limpian alineamientos y amplían las aperturas hacia la vegetación, permitiendo que la luz natural y el verde de la selva atraviesen los espacios interiores. Una nueva cubierta sobre la fachada principal refuerza además la relación entre confort climático y conexión con el entorno. La reforma responde directamente a la rutina náutica de la familia propietaria, especialmente vinculada al foil, deporte acuático que terminó definiendo gran parte del programa arquitectónico. La planta baja fue reorganizada para albergar la llamada “foil cave”, un espacio híbrido donde conviven almacenamiento deportivo, áreas de descanso, cine, trabajo y ocio. Grandes ventanales enmarcan la selva como si fuese una pieza expositiva, mientras la terraza de la piscina se amplía mediante una plataforma suspendida y una ligera escalera metálica que desciende sin interrumpir las visuales hacia el bosque. En el interior, la arquitectura apuesta por una atmósfera cálida, luminosa y funcional. Tonos claros, maderas naturales, travertino y textiles inspirados en el universo náutico construyen ambientes relajados que privilegian el uso cotidiano por sobre cualquier gesto excesivo. Más que una simple remodelación, Casa Iporanga convierte la vivienda en una extensión natural de quienes la habitan: una arquitectura silenciosa y flexible que organiza la vida doméstica mientras mantiene una relación respetuosa y constante con la Mata Atlántica.









