Plataforma urbana flexible
Fotografía: César Béjar
ROSADOCE, diseñado por el estudio mexicano REIMS 502, surge en el contexto de la pandemia como un edificio comercial en Querétaro que plantea una reflexión crítica sobre la adaptabilidad de la arquitectura frente a nuevos modelos de vida, trabajo y consumo. Más que responder a la contingencia sanitaria, el proyecto propone una estructura versátil y permanente, capaz de funcionar como una única unidad, dividirse en cuatro plataformas independientes o fragmentarse en hasta dieciséis módulos. Esta lógica flexible redefine el uso del suelo urbano y plantea el inmueble como un bien patrimonial indivisible, gestionado con una visión de largo plazo.
Ubicado en un antiguo barrio de baja densidad próximo al centro histórico, el edificio acompaña un proceso de transformación normativa orientado a la densificación y reconversión comercial. Se organiza en un semisótano y dos niveles de planta libre articulados por un núcleo central de escaleras. Aunque el nivel inferior está destinado a servicios, su diseño abierto permite activar la calle con programa comercial, reforzando la vida pública. Vacíos estratégicos conectan verticalmente los distintos niveles, garantizando iluminación natural, ventilación cruzada y continuidad espacial.
La azotea se incorpora como un plano activo mediante jardineras que actúan como aislamiento pasivo y bóvedas de block que captan agua pluvial y favorecen la ventilación por efecto Venturi. La materialidad —estructura de acero expuesta, muros de block, rejillas metálicas y redes visibles en tonos rosados— expresa una estética de honestidad constructiva vinculada simbólicamente a la cantera local. Más allá de su programa, ROSADOCE se posiciona como agente de regeneración urbana, proponiendo un modelo comercial eficiente, adaptable y comprometido con la sostenibilidad y la vida colectiva.









