Fluido y continuo, el espacio interior así como la piel exterior, que parece no tener principio ni final, atrae a la mirada gracias a la disposición de curvas y contra curvas al tiempo que las pendientes de las rampas y las formas y escala de los espacios provienen de la tensiones de los recorridos.
Destaca la fachada traslúcida envolvente como la piel de una célula, que insinúa una zona interior así como los distintos volúmenes de las salas programáticas. Cada una de las salas, cumple un rol en la constitución del relato propuesto que se expresa a través de un recorrido por rampas de madera que lleva a los visitantes hacia las distintas áreas temáticas. Las rampas reinterpretan un paseo urbano, proponen al visitante un recorrido entre llenos y vacíos, con distintas escalas, percepciones de proximidad y lejanía entre lo público y lo privado. Una de las más importantes es la llamada “La Semilla”, donde se revela el alma de la ciudad como esencia de las relaciones humanas.
La propuesta programática culmina en la gran plaza de encuentro y celebración desde donde se muestra la totalidad del espacio logrando finalmente la comprensión de la obra. La plaza acoge a su vez los programas de cafetería, tienda, espacios de exposición y encuentros sociales y culturales que por seis meses serán parte de la presentación. En coherencia con el destino propuesto para la plaza, las actividades son vividas como en una plaza pública donde hay tiempo para el ocio y el intercambio cultural, habitando el discurso del Pabellón como una experiencia personal y a la vez colectiva.
REVELAR EL INTERIOR
Por su parte, la materialidad responde a facilitar las condiciones de una construcción de tiempo limitado. Así, la estructura soportante de pilares y vigas del cerramiento favorece el montaje y posterior desarmado de la obra así como su imagen ligera, lúdica y transparente. La fachada traslúcida es de vidrio reciclado protegido del sol por una malla de acero que junto con develar el espacio interior tamiza el ingreso de luz natural. Una acertada decisión de diseño queda explícita en las salas temáticas, las que necesariamente opacas por necesidades de control de la luz yacen forradas en acero autoxidado y madera en el interior. Para los pavimentos, cielos y revestimientos se utilizó madera de pino, producto renovable de plantaciones chilenas en sus distintas formas de comercialización: placas terciadas, laminadas y elementos de madera singular.
Siguiendo el recorriendo, la plaza cuenta con un cielo colgante y ondulado de celosías de acero y madera que junto con al pavimento -dueño de juegos de desniveles producido por distintas líneas de placas de madera terciada cortadas como curvas de nivel- propone distintos ambientes que favorecen las instancias de encuentro. Finalmente, para conseguir el máximo confort ambiental se dispuso de un sistema de aislación con productos reciclables en todos los cerramientos opacos y una cubierta verde para el control de la temperatura y la radiación solar.



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Shangai 2010”