Casa entre volúmenes
Fotografía: Denilson Machado
Implantada en un terreno de 2.400 m² dentro de un condominio cerrado, esta vivienda establece desde su origen una relación íntima con el paisaje, abriéndose hacia una zona de preservación con manantial que la envuelve en vegetación. Su ubicación al final de un cul-de-sac refuerza esta condición de resguardo, donde la arquitectura se despliega con una escala contenida y una clara intención de integrarse al entorno sin imponerse. Con 545 m² construidos, la casa se organiza en dos niveles definidos por una volumetría precisa: dos prismas rectangulares superpuestos que separan lo público de lo privado. Mientras la planta baja concentra los espacios sociales en continuidad con la terraza y el patio central, el nivel superior resguarda las áreas íntimas, manteniendo siempre la conexión visual con el exterior. La planta en L y las carpinterías retráctiles permiten una apertura total, diluyendo los límites entre interior y exterior y favoreciendo una experiencia doméstica fluida. El proyecto destaca por una materialidad honesta y una implantación respetuosa con la topografía, donde incluso la piscina se adapta al desnivel natural del terreno, evitando intervenciones invasivas. Elementos como el volumen orgánico en ladrillo visto introducen un contrapunto sutil dentro de la composición ortogonal, mientras que la paleta —madera natural, granito gris y acero inoxidable— refuerza una estética sobria y atemporal. El resultado es una arquitectura que equilibra claridad formal y sensibilidad territorial, proponiendo una forma de habitar donde la serenidad se convierte en protagonista.






