Memoria doméstica
Fotografía: Common Studio
Más que reproducir la estética de una época, Joyce Wang Studio imagina Mandarin Oriental The Landmark como una casa construida a través del tiempo. La renovación del hotel parte de la idea de un pied-à-terre ligado a Hong Kong, donde obras de arte, objetos y materiales parecen haberse reunido durante generaciones. Las antiguas mansiones coloniales de la ciudad sirven como referencia, pero son reinterpretadas desde una sensibilidad contemporánea que evita la reconstrucción literal.
Piedra, madera, terracota y revestimientos texturizados forman una base cálida para elementos como vidrio églomisé, latón patinado, verdigris y detalles en tonos jade. En las 109 habitaciones y suites, papeles murales pintados a mano, seda, yesos agrietados y alfombras inspiradas en la albañilería histórica refuerzan la atmósfera residencial.
El arte introduce otra capa en esta narrativa, con el perfil urbano de Hong Kong que aparece reinterpretado en tapices, alfombras y superficies de vidrio, mientras distintas piezas se distribuyen por escaleras, pasillos y espacios comunes. El recorrido por el hotel adquiere así la dimensión de una colección habitada, donde cada elemento contribuye a construir una identidad vinculada a la ciudad.
Los espacios de bienestar continúan esta lectura desde un registro más sutil. En el spa, patrones relacionados con la respiración y líneas inspiradas en la caligrafía china aparecen en suelos, techos y celosías, creando una atmósfera pausada. La renovación propone así una experiencia de hospitalidad donde el lujo se construye a través de materiales, objetos y referencias capaces de mantener presente la memoria de Hong Kong.











