Continuidad rural
Fotografía: Bard Yersin
La nueva vivienda de Praz-Pury nace de una estructura que ya contenía sus propias reglas de organización. La intervención ocupa parcialmente el sector agrícola de una granja de Friburgo construida en la década de 1930, una tipología donde vivienda, establos, almacenamiento y trabajo convivían bajo una misma cubierta. En lugar de imponer una distribución ajena a esa lógica, el proyecto utiliza las antiguas crujías y el fourragère —el corredor central destinado originalmente a alimentar al ganado— como soporte para una nueva forma de habitar. Las áreas sociales ocupan precisamente este antiguo espacio de paso, aprovechando su amplitud y mayor altura, mientras dormitorios y baño se concentran en uno de los establos. El segundo conserva su función para los caballos del propietario y el nivel superior continúa almacenando heno, haciendo que usos domésticos y agrícolas permanezcan entrelazados. Las nuevas divisiones de ladrillo de terracota visto retoman la materialidad de los muros existentes, aunque modifican sus dimensiones para hacer reconocible la intervención contemporánea y evitar una reconstrucción mimética. Esa convivencia entre tiempos se extiende a una paleta deliberadamente elemental: pavimentos de apariencia cruda recuerdan las superficies de los antiguos establos y la cocina, construida con paneles de encofrado, recupera el carácter improvisado de las estructuras auxiliares rurales. Inspirada en la aproximación de Hans Döllgast a la Alte Pinakothek de Múnich, la reforma entiende la continuidad sin borrar las fracturas. Praz-Pury permanece así legible como granja y como vivienda: una arquitectura donde transformar significa añadir una nueva capa sin hacer desaparecer las anteriores.









