Intimidad ancestral
Fotografía: eyesofmemo
Casa EV se levanta en una de las zonas más concurridas de la ZMG como un refugio íntimo y cuidadosamente resguardado del entorno. Concebida para una familia que buscaba privacidad sin renunciar al carácter contemporáneo, la residencia introduce un gesto audaz en su fachada: la madera carbonizada, una técnica japonesa que aporta profundidad, textura y un vínculo vernáculo con la historia y el paisaje local. Desde esa primera impresión, el proyecto establece una narrativa arquitectónica donde materialidad, resguardo y calidez dialogan en equilibrio. La vivienda se organiza a través de puentes y circulaciones fluidas que conectan las diversas áreas, articuladas en torno a una escultural escalera de herrería negra que recorre los tres niveles. Este elemento, junto con las vigas expuestas en tono negro mate y la carpintería de encino natural —basada en tonos de roble americano—, construye una estética contemporánea e industrial suavizada por texturas cálidas. El paisajismo circundante actúa como barrera visual natural, reemplazando los muros perimetrales y ofreciendo privacidad mediante una integración orgánica y evolutiva con el terreno. En el interior, la casa despliega múltiples espacios sociales, terrazas y áreas de encuentro con la naturaleza, además de un “mancave” diseñado para actividades de cacería que aporta un carácter distintivo al programa. La presencia de un librero de doble altura refuerza la vocación escultórica del proyecto, sirviendo como remate visual y punto focal.









