Horizontes apilados
Fotografía: Javier Agustion Rojas
La pendiente no se presenta aquí como una dificultad, sino como la herramienta que da forma a toda la arquitectura. Implantada sobre un valle de Tandil con vistas abiertas hacia las sierras y la cancha de golf, la vivienda responde al relieve mediante tres volúmenes de hormigón que se desplazan y superponen, construyendo una secuencia de terrazas, galerías y espacios intermedios donde el paisaje está siempre presente. El acceso se sitúa en el nivel central, donde las áreas sociales se desarrollan como un ambiente continuo que se expande hacia una amplia terraza suspendida sobre el volumen inferior. Por encima, los dormitorios aprovechan la mejor orientación solar y las visuales más extensas, conectados por un corredor vidriado que refuerza la sensación de continuidad sin comprometer la privacidad. En la cota más baja, parcialmente integrada al terreno, los espacios recreativos se abren al jardín y la piscina, estableciendo una relación directa con el exterior. La alternancia entre planos opacos y superficies transparentes, junto con lamas de madera regulables, permite controlar la luz y transformar las vistas en parte de la experiencia cotidiana. El hormigón visto aporta unidad a una propuesta donde la materia y la estructura son inseparables del lugar. Su inercia térmica, combinada con la ventilación cruzada, los aleros profundos y los semicubiertos, favorece un comportamiento ambiental eficiente sin alterar la claridad formal del conjunto. Más que ocupar el terreno, la vivienda parece prolongar su topografía, confirmando que la mejor respuesta arquitectónica puede surgir cuando el paisaje deja de ser un telón de fondo y se convierte en el verdadero generador del proyecto.








