Vacíos habitados
Fotografía: Gustavo Quiroz
Este vacío central, evocando los jardines de templos en Kioto, actúa como estructura, ya que a su alrededor los espacios se disponen como fragmentos autónomos conectados por la intemperie. Así, cruzar de un ambiente a otro implica aceptar la lluvia, el tiempo y el clima como parte del habitar. Las puertas shōji filtran la luz hasta volverla materia sensible, mientras la ausencia casi total de vidrio refuerza una relación selectiva y consciente con el exterior.
La materialidad austera y el programa mínimo responden tanto a restricciones económicas como a una búsqueda espiritual. Cada elemento, desde la entrada descendente hasta la ventana circular que enmarca un árbol, construye una narrativa de introspección, donde la arquitectura no protege del mundo, sino que reconecta con él.








