Acantilado vivo
Fotografía: Pablo Blanco Barros
Casa Alta, diseñada por el estudio chileno AFARQ, se posa sobre un acantilado del Pacífico como un mirador habitado, articulando vivienda, paisaje y vida social en un único gesto arquitectónico. Concebida como una caja suspendida de 22 x 9 metros, la casa se adapta a las restricciones normativas del terreno sin renunciar a la amplitud visual, amplificando la geografía costera mediante grandes vanos y circulaciones abiertas. El proyecto organiza la experiencia doméstica en tres recintos interconectados —patio, casa y terraza— que funcionan como un continuo espacial. El patio de acceso, protegido del viento oceánico, opera como corazón social y transición climática, mientras que las ventanas retráctiles diluyen los límites entre interior y exterior.
En la terraza, piscina, jacuzzi y mirador consolidan una vida de veraneo que fluye entre contemplación y encuentro, reforzada por un diseño que privilegia vistas largas y movimientos naturales. La materialidad enfatiza el carácter costero y tectónico del proyecto: hormigón armado, pilares metálicos envejecidos y piedra en tonos grises y cobrizos anclan la obra al paisaje, mientras la madera de raulí acanalada aporta calidez al nivel superior. Las habitaciones, todas con baño y balcón privado, evocan la autonomía de un hotel boutique, ofreciendo privacidad sin romper la coherencia espacial. Casa Alta se convierte así en una arquitectura que integra naturaleza, familia y comunidad con una estética sobria y profundamente territorial.








