Futuro nostálgico
Fotografía: Alex Lesage
Entre la nostalgia del bistró tradicional y una estética de inspiración retrofuturista, Bistrot à Franky propone una nueva interpretación de la cultura gastronómica de Montreal. Ubicado en el barrio Mile End, el restaurante del chef Francis Blais fue diseñado por Atelier Zébulon Perron, que tomó como punto de partida los códigos característicos de estos establecimientos: ambientes luminosos, actividad constante y una atmósfera informal. La propuesta reinterpreta ese imaginario mediante una paleta de blancos y beiges que desplaza el protagonismo hacia las texturas, los reflejos y las cualidades de los materiales. Superficies brillantes y mates, revestimientos cerámicos y estucos generan variaciones sutiles dentro de una composición aparentemente uniforme. Esta contención cromática permite que la arquitectura construya su identidad a través de los detalles, estableciendo un escenario donde la experiencia culinaria convive con referencias al diseño posmoderno de los años ochenta y a la experimentación formal del metabolismo japonés. El recorrido comienza en un pasillo rojo que conduce hacia una puerta metálica con una manilla tallada en madera de bloque de carnicero por el ebanista Olivier Doray. En el comedor, el pavimento original de terrazo establece continuidad con la historia del inmueble, mientras una extensa barra con cubierta de zinc introduce un contrapunto metálico. Sobre ella, una estructura de aluminio fresado destinada al almacenamiento de vinos incorpora aberturas circulares que evocan el lenguaje del metabolismo japonés. La iluminación adquiere especial relevancia mediante lámparas personalizadas desarrolladas por Lambert & Fils, compuestas por tubos de Pyrex iluminados y cableado expuesto que refuerzan el carácter industrial y retrofuturista del conjunto. Banquetas de cuero claro se distribuyen frente a grandes espejos, acompañadas por mesas de madera maciza realizadas por Doray. Las sillas de nogal, diseñadas especialmente por Guillaume Sasseville, aportan calidez, mientras las mesas menores recuperan la tradición del bistró mediante manteles blancos. Sobre los muros, las obras seleccionadas por el cineasta Xavier Dolan introducen acentos cromáticos que contrastan con la neutralidad del espacio. La identidad de Bistrot à Franky surge de una combinación de referencias que, lejos de competir entre sí, construyen una atmósfera reconocible y contemporánea. La precisión de los elementos metálicos convive con la calidez de la madera, mientras las superficies monocromáticas permiten que la iluminación revele distintas profundidades y texturas a lo largo del día. El estudio utiliza esta neutralidad como una herramienta para destacar tanto las preparaciones gastronómicas como las obras de arte, integrándolas a la experiencia espacial sin recurrir a una decoración excesiva. Las influencias posmodernas aparecen en los detalles técnicos y las formas de las luminarias, pero encuentran equilibrio en la familiaridad de los materiales asociados al bistró clásico.








