Refugio compartido
Fotografía: Samuel Bray
En Honeygar Farm, la arquitectura deja de tener al ser humano como habitante principal. Pearce+ diseñó una torre de vida silvestre como parte de la recuperación de los humedales de Somerset Levels, donde una antigua granja está siendo transformada en hábitat restaurado. La estructura propone una infraestructura permanente capaz de alojar simultáneamente murciélagos, búhos de granero, cernícalos, invertebrados y otras especies vinculadas a este ecosistema. La propia fauna determina la arquitectura. La altura y organización de la torre responden a las distintas condiciones de anidación y refugio que requiere cada especie, mientras cajas y cavidades se distribuyen en diferentes niveles. En la base, muelles de mampostería elevan la construcción frente a las inundaciones frecuentes; sobre ellos, una estructura de madera y metal corrugado configura un volumen deliberadamente sencillo. Casi todos sus materiales fueron recuperados de la misma granja, convirtiendo restos de construcciones anteriores en nuevos soportes para la biodiversidad. Más allá de los refugios específicos, el proyecto trabaja también en escalas mínimas. La madera sin tratar puede ser colonizada por insectos y arañas; las grietas de la mampostería ofrecen cavidades para pequeños animales, mientras escombros y tierra forman un hábitat húmedo para anfibios y otras especies. Así, Pearce+ plantea una arquitectura deliberadamente abierta e inconclusa: entrega las condiciones iniciales, pero serán sus habitantes quienes, con el tiempo, terminen de darle forma.









