Patio interior
Fotografía: Filippo Poli
La transformación de una construcción histórica no siempre requiere añadir más arquitectura; a veces consiste en revelar el potencial que ya estaba presente. En Casa 2302, la renovación de una antigua granja del Baix Empordà encuentra su principal gesto en el vacío, convirtiendo un espacio antes fragmentado en el nuevo corazón de la vivienda. Allí, la luz, la vegetación y la circulación se entrelazan para construir una atmósfera que diluye los límites entre interior y exterior. El antiguo núcleo ocupado por la escalera se redefine como un espacio semiabierto que conecta el acceso con el jardín y reorganiza la vida doméstica. Las paredes interiores adquieren el carácter de fachadas, mientras la escalera de hormigón ordena los distintos niveles e incorpora un estudio protegido en la planta superior. A esta intervención se suma un porche lateral vinculado a la cocina, donde franjas opacas y acristaladas enmarcan las vistas y prolongan las actividades cotidianas hacia el paisaje. La materialidad acompaña esa transición con naturalidad. Piedra, hormigón y madera aportan profundidad al núcleo central, mientras las tonalidades suaves y las carpinterías de madera equilibran la intervención contemporánea con la identidad original de la granja. El resultado no busca reinterpretar el pasado desde la nostalgia, sino demostrar que el patrimonio puede seguir evolucionando cuando la arquitectura trabaja con aquello que el lugar ya ofrece.









