Paisaje enmarcado
Fotografía: Camila Alba
La Casa Tamanás se configura como un ejercicio de precisión arquitectónica donde el paisaje no es telón de fondo, sino materia activa del proyecto. Implantada en un terreno en pendiente y rodeada de árboles frutales, la vivienda articula su propuesta a partir de cortes estratégicos en el volumen, que más que abrir, encuadran. Estas operaciones permiten construir una narrativa visual en constante cambio, donde las copas, los jardines y la luz se integran a la experiencia doméstica. La organización programática responde con claridad a la topografía, distribuyendo los usos según su relación con el terreno y la vida cotidiana. Desde un acceso contenido en la base, pasando por un primer nivel social continuo, hasta alcanzar los espacios privados y, finalmente, una planta superior abierta al ocio y la contemplación, la casa despliega una secuencia ascendente que intensifica progresivamente el vínculo con el exterior. Esta gradación espacial revela una lógica funcional coherente, donde cada nivel encuentra su lugar en el conjunto. En el centro de la composición, un espejo de agua introduce una dimensión sensorial y climática, reflejando el entorno y moderando las condiciones térmicas. A su lado, un muro construido con ladrillos descartados durante la obra resignifica el error como recurso, funcionando como filtro y memoria material del proceso constructivo. Así, la Casa Tamanás no solo dialoga con su entorno natural, sino también con su propia historia, consolidando una arquitectura consciente, sensible y profundamente situada.








