Curvas expresivas
Fotografía: Andreu World
La exuberancia formal de los años setenta y la elegancia de la pintura barroca convergen en Nina, el sillón diseñado por Patricia Urquiola para la firma española Andreu World. Su silueta envolvente encuentra inspiración en Las Meninas, la célebre obra de Diego Velázquez de 1656, particularmente en los amplios volúmenes de los vestidos que definen la presencia de sus personajes. Esta referencia se traduce en una geometría orgánica de proporciones generosas, donde el asiento y el respaldo establecen una continuidad visual que recuerda la suavidad de un guijarro. La pieza recupera también la libertad expresiva del mobiliario de la década de 1970, caracterizado por formas escultóricas y una aproximación menos rígida al diseño doméstico. Sin recurrir a una reproducción literal de sus referentes, Urquiola construye un objeto de identidad contemporánea que combina sensualidad volumétrica, comodidad y una exploración deliberada de las posibilidades expresivas de los materiales. Uno de los rasgos distintivos de Nina es el contraste entre la suavidad de su asiento tapizado y la rigidez de la carcasa posterior, elaborada con Pure ECO, un termopolímero desarrollado por Andreu World a partir de residuos poliméricos 100 % reciclados. Disponible en acabados brillantes o mates, esta superficie incorpora un relieve irregular inspirado en las formas que el agua esculpe sobre la piedra. Su textura introduce profundidad y variaciones visuales que acentúan el carácter orgánico del conjunto, mientras la continuidad de sus curvas configura un respaldo de presencia escultórica. El asiento, confeccionado con espumas técnicas de alta calidad y tapicería cuidadosamente ajustada, proporciona una superficie amplia y acogedora. La ausencia de brazos favorece una postura relajada y permite mayor libertad de movimiento, reforzando la versatilidad de la pieza. Esta combinación de materiales y acabados establece un diálogo entre superficies táctiles y pulidas, donde cada componente contribuye a definir una experiencia de uso diferenciada. Nina refleja la capacidad de Patricia Urquiola para reinterpretar referencias históricas desde una sensibilidad contemporánea, integrando investigación material y expresividad formal en un mismo objeto. La relación entre la carcasa rígida y el volumen tapizado permite que el sillón revele distintas cualidades según el punto de observación: desde el frente predomina una apariencia suave y compacta, mientras la parte posterior exhibe una superficie texturizada de mayor intensidad visual. Esta dualidad amplía sus posibilidades de integración tanto en ambientes residenciales como en espacios profesionales, donde puede funcionar como asiento confortable o como elemento de acento dentro de una composición interior. La incorporación de polímeros reciclados introduce además una dimensión vinculada al aprovechamiento de recursos, sin relegar las cualidades estéticas del diseño.








