Geometría forestal
Fotografía: Guillermo R Orozco
Antes de definir su arquitectura, Casa Sima reconoce un orden preexistente: el de los árboles, las pendientes y los claros naturales de la Sierra de Tapalpa, en Jalisco, México. Diseñada por el estudio Dosorozco, esta vivienda de 150 metros cuadrados se inserta en un terreno forestal inclinado, desde donde se despliegan vistas panorámicas hacia las montañas. La decisión de conservar todos los árboles existentes se convirtió en el principio que determinó su geometría, implantación y relación con el paisaje. En lugar de modificar el terreno mediante excavaciones, el proyecto adopta una configuración longitudinal compuesta por volúmenes rectilíneos que siguen los contornos de un claro natural. Esta estrategia permite que la arquitectura encuentre su lugar entre la vegetación, entendiendo las condiciones del sitio no como restricciones, sino como elementos capaces de orientar el diseño. El recorrido de acceso constituye una parte fundamental de la experiencia espacial. Una pasarela escalonada, elevada sobre el suelo forestal, acompaña la pendiente hasta alcanzar los volúmenes de la vivienda. En este trayecto aparece un espacio intermedio que el director creativo del estudio, Guillermo R. Orozco, denomina patio elevado: una estructura de acero y madera que funciona como umbral entre el bosque y el interior doméstico. Su revestimiento de madera ha sido tratado mediante una técnica local que utiliza aceite y calor para impermeabilizar la superficie, otorgándole una textura rugosa y un tono ennegrecido que dialoga con los troncos circundantes. La materialidad se completa con piedra y yeso de tonalidades pálidas, estableciendo contrastes entre superficies minerales y elementos cálidos. Los espacios habitables se distribuyen en dos volúmenes rectangulares intersectados, mientras la planta baja reúne sala de estar, comedor y cocina en un ambiente amplio delimitado lateralmente por muros de piedra. Casa Sima propone una forma de habitar el bosque basada en la proximidad y la observación, más que en la transformación del paisaje. La elevación de sus recorridos permite percibir el terreno bajo la estructura, mientras los espacios de transición diluyen los límites convencionales entre interior y exterior. La madera oscura, la piedra y los acabados claros construyen una atmósfera vinculada con las texturas naturales del entorno, sin recurrir a una imitación literal de sus formas. Esta relación se extiende a la disposición de las terrazas, las sombras y los puntos de contacto del edificio con el suelo, todos condicionados por la presencia de los árboles. Con una arquitectura de gestos contenidos y decisiones precisas, Dosorozco plantea una vivienda cuya identidad surge de respetar aquello que ya existía, convirtiendo la adaptación al territorio en su principal expresión de diseño.










