Ecoparque Ciénaga de Mallorquín por DEB y El Equipo Mazzanti

Borde regenerativo

Fotografía: Alejandro Arango

Entre el río Magdalena y el Caribe, el Ecoparque Ciénaga de Mallorquín convierte un ecosistema históricamente degradado en una nueva interfaz entre Barranquilla y su paisaje. DEB Architecture y El Equipo Mazzanti plantean la intervención como un “borde vivo” que sustituye la idea de límite por una franja capaz de proteger, conectar y educar. Sobre 61.834 metros cuadrados, la arquitectura evita ocupar intensivamente el humedal y se fragmenta en una red de recorridos que permite acercarse a sus manglares y a las más de 200 especies de aves que los habitan sin interrumpir sus dinámicas biológicas e hidrológicas. Pasarelas elevadas, plataformas de observación y áreas de estancia construyen distintas aproximaciones al territorio, desde la contemplación hasta el encuentro colectivo. La primera fase articula estas experiencias mediante los distritos de Contemplación y Familiar, combinando educación ambiental, observación de biodiversidad y actividades recreativas. La vegetación y las acciones de restauración acompañan el sistema construido, mientras prácticas existentes como la pesca artesanal se incorporan como parte de la identidad cultural del lugar, reconociendo que la conservación también depende de las comunidades que históricamente han habitado y utilizado el humedal. Su escala territorial desplaza el protagonismo desde el objeto arquitectónico hacia los procesos que la intervención hace posibles. El paisaje funciona simultáneamente como infraestructura ambiental y espacio público, permitiendo que restauración ecológica, apropiación ciudadana y resiliencia costera formen parte de una misma estrategia. Reconocido por la AIA, Dedalo Minosse OCCAM y los Architizer A+ Awards, el Ecoparque propone que recuperar un ecosistema no significa aislarlo de la ciudad, sino construir nuevas maneras de aproximarse a él sin comprometer aquello que se intenta preservar.

debarchitecture.com

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