Departamento Atterbury por UAL

Archivo cotidiano

Fotografía: UAL

¿Qué ocurre cuando una colección deja de observarse a distancia y comienza a usarse? La University of the Arts London convierte Atterbury Flat, una residencia para profesores e invitados dentro del Chelsea College of Arts, en un archivo que se activa al comer, dormir o bañarse. Impulsado por Zoë Tynan-Campbell y cocurado junto a las exalumnas Abigail Rigby y Bhairavi Yogasivam, el proyecto reunió propuestas de más de 400 estudiantes y graduados de 58 cursos, seleccionando 117 piezas para una primera colección que amplía deliberadamente aquello que una universidad considera digno de preservar. El apartamento reúne desde objetos experimentales hasta productos incorporados plenamente a las tareas domésticas: una silla que cambia de color, una mesa construida con 160 kilos de papel apilado, jabón recargable, perchas plegables y utensilios realizados con arcilla de río. Otras piezas fueron concebidas específicamente para el lugar, como los azulejos y el lavabo en gradientes verdes de Emma Louise Payne o el lápiz de gran formato de Neha Ratanchand destinado al libro de visitas. Tijeras, paños de cocina, manillas, cerámicas y luminarias impresas en 3D completan una colección donde la escala o la disciplina dejan de determinar el valor de un objeto. Atterbury Flat propone así una alternativa al archivo entendido como depósito: conservar significa también permitir que las piezas permanezcan en contacto con el cuerpo, el desgaste y las acciones para las que fueron diseñadas. El hecho de que la residencia continúe alojando visitantes convierte la colección en un sistema abierto, capaz de reemplazar progresivamente los objetos existentes e incorporar nuevas generaciones de autores. Más que transformar únicamente un interior, UAL ensaya una manera de documentar su propia producción creativa reconociendo que el diseño también construye memoria cuando permanece en uso.

arts.ac.uk

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