Paisaje adaptable
Fotografía: Ariadna Polo
Casa Amona entiende la vivienda como una estructura capaz de acompañar transformaciones familiares sin perder su vínculo con el lugar. En San Cristóbal de las Casas, Chiapas, Colar dispone 155 metros cuadrados mediante unidades autónomas pero conectadas, orientando aperturas y terrazas hacia distintos puntos del paisaje en lugar de privilegiar una única vista. Su geometría angular establece así relaciones cambiantes con el jardín y las colinas que rodean el terreno. La planta baja reúne estar, comedor y cocina en continuidad, aunque su configuración permite convertir el área de estancia en un dormitorio sin realizar modificaciones arquitectónicas importantes. Arriba se concentran dormitorio, estudio y terrazas, mientras un taller independiente de 45 metros cuadrados incorpora espacio para trabajo artístico, encuentros familiares y alojamiento autónomo. Junto a él, un patio organizado alrededor de un fresno existente introduce vegetación y un pequeño estanque como parte del ambiente doméstico. Mampostería, ladrillo expuesto, adobe, madera de ciprés, encalados y pisos de barro trasladan técnicas y materialidades locales a una expresión contemporánea pensada para envejecer con el uso. Incluso su nombre —Amona, “abuela” en euskera— revela la dimensión temporal del proyecto: más que responder a una configuración familiar definitiva, la casa incorpora desde su origen la posibilidad de cambiar, independizar espacios y reunir nuevamente a quienes la habitan.










