Piedra portante
Fotografía: Tim Soar
Petra Heights plantea una inversión en la lógica material de la construcción en altura: allí donde habitualmente aparecerían columnas, núcleos y refuerzos de hormigón o acero, Groupwork y Webb Yates recurren a cerca de mil toneladas de piedra volcánica. El conjunto residencial de 317 Finchley Road, en el norte de Londres, distribuye sus viviendas en tres bloques de entre seis y diez plantas sostenidos por un exoesqueleto pétreo sin refuerzo. La estructura de postes y dinteles recibe tanto las cargas gravitatorias como las del viento, haciendo coincidir soporte y fachada en un mismo sistema. Basalto siciliano en los niveles inferiores y larvikita noruega en los superiores conforman las 572 vigas y columnas del entramado, con piezas que alcanzan cinco metros de longitud. Un tratamiento de oxidación acentúa el contenido de hierro de ambas rocas y unifica su apariencia en una tonalidad rojiza vinculada al ladrillo histórico del entorno. Aunque el edificio todavía utiliza hormigón en cimentaciones, sótanos y losas, la eliminación del núcleo estabilizador y de gran parte de la estructura convencional permite, según sus autores, reducir aproximadamente un 32 por ciento las emisiones asociadas a materiales y construcción frente a una solución comparable de hormigón armado. Más que presentar Petra Heights como un modelo definitivo, los estudios lo entienden como una etapa dentro de una investigación de quince años sobre la piedra portante como alternativa de menor carbono. Las dificultades para obtener bloques locales de las dimensiones necesarias revelaron también los límites del sistema y apuntan hacia futuras estructuras construidas con piezas más pequeñas y cercanas. El interés del proyecto reside precisamente allí: en recuperar uno de los materiales más antiguos de la arquitectura para ensayar con él una respuesta contemporánea al impacto ambiental de construir en altura.








