Casa Y

Geometría del habitar

Fotografía: Marcos Mendizabal

En la cima de una colina costera, donde el viento sopla con fuerza y el horizonte se abre en todas las direcciones, Casa Y propone una nueva idea de cómo habitar el paisaje. Más que una segunda vivienda, es una arquitectura pensada para transformarse con el tiempo, entre el descanso y la vida cotidiana. Uno de sus autores, Benjamín Goñi, recuerda el inicio del proyecto con claridad: «Decidimos ubicar la casa en el punto más alto, con una visión de casi 360 grados». Esa decisión fundacional determinó la planta en forma de Y, una geometría que lo que menos busca es imponerse sobre el entorno, sino extenderse con él de manera orgánica. Los dos brazos que miran al mar capturan 120 grados de vista y generan una terraza central protegida; el tercero, orientado hacia las colinas, recibe los espacios de servicio y el acceso. En el punto donde convergen los tres, una lucarna circular ordena la luz y resuelve el encuentro constructivo. Goñi la define como el corazón simbólico del proyecto: «Queríamos una luz indirecta, que entrara rebotada y cambiara durante el día». Así, la vivienda se convierte en una cámara sensible al paso del tiempo, donde la claridad y la sombra trazan su propio ritmo. Desde el interior, la experiencia se estructura como un solo gesto continuo. Un espacio de altura y media reúne cocina, comedor, estar y sala de cine; desde ahí, medios niveles conectan con dormitorios, gimnasio y quincho. No hay pasillos superfluos ni jerarquías marcadas: cada recorrido es una transición entre intimidad y apertura. Para Benjamín, esa disposición busca generar naturalidad: «Nos interesaba equilibrar la precisión estructural con una manera de habitar más libre, donde los espacios se sientan continuos y vividos». La construcción materializa esa intención con una austeridad medida.

Reportaje completo en revista Ambientes Nº 166

 

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